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Los ángulos han de ser poco redondeados. Las puntas
de piel han de estar bien chifladas para que no abulten
y cuando las peguemos ofrezcan una superficie lisa.
En los planos señalamos las distancias que han de
llevar las puntas, y así todas quedan iguales. Sacamos
las puntas de los retales de la misma piel. Encoladas, se
colocan sobre el plano del cartón dejando que sobresalgan
del borde del cartón unas dos o tres veces el grosor
del mismo con el fin de un girado de las mismas más
fácil.
Una vez pegada la punta, la giramos y juntamos los bordes.
Con las tijeras cortamos al sesgo dejando lo suficiente
para poder pegar la piel sin que se vea el cartón.
Una vez cortado, vamos entrando la piel a pequeños
pliegos hasta que queden bien colocados y no se vea el cartón.
Seguidamente, con la plegadora plana, se hace fuerza sobre
el borde para que no sobresalga. Pasamos la plegadora por
el borde de la piel y la punta haciendo pequeños
golpes para igualar si hubiese alguna irregularidad. Por
la parte de la tapa y por el borde la piel también
se pasa la plegadora con fuerza, para que el borde de la
piel se confunda con el cartón. También se
puede pasar el bruñidor bien caliente por estas partes,
protegiendo el resto con una regla.
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